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Moción de Roberto Quaglia para una semana de Cultura Rumana en Génova

Moción e intervención en el pleno
de Roberto Quaglia


La moción que sigue fue preparada por Roberto Quaglia, Concejal del Ayuntamiento de Génova, en el mes de noviembre del 95. Obtuvo la firma de casi todos los grupos presentes en el Consejo Municipal de Génova, y se llevó a debate el 22 de enero de 1996. La moción insta al Alcalde de Génova y a la Junta de gobierno a organizar en Génova un acto cultural centrado en la cultura rumana contemporánea. En esta página, precede a la moción el texto de la intervención de Roberto Quaglia


Durante el debate en el pleno, la moción tuvo que sufrir la supresión de los tres primeros párrafos de premisas (en los que se ponen por escrito algunas notas problemáticas de Génova, que muy pocos en Génova reconocen o admiten reconocer). Padeció además ligeramente un par de enmiendas que dejan abierta la posibilidad, para la junta de gobierno, de eventualmente no llevar a cabo lo propuesto en la moción, en caso de que no lograran hacerlo (¡increíble, pero cierto! lo tomas, o lo dejas...). Finalmente, fue aprobada por unanimidad....



Intervención de Roberto Quaglia (Lista Pannella)





Presidente, señor Alcalde, colegas...

CUANDO HABLAMOS DE EUROPA, NO TODOS ENTENDEMOS LO MISMO

Cuando hablamos de Europa, no todos entendemos lo mismo. Nos enseñaron Europa de niños, cuando íbamos a la escuela, enumerándonos los nombres de los países que la componen, la superficie en metros cuadrados de dichos países, los nombres de los ríos que discurren por esos países, los kilómetros recorridos por dichos ríos, los nombres de alguna cordillera y, eventualmente, una lista de minerales útiles que contienen. Tantos nombres, tantos números, todo abstracto.
Y sin embargo sabemos qué es Europa, aunque cuando hablamos de ella no todos entendemos lo mismo. Sabemos qué es Europa porque a las primeras nociones abstractas, superficiales y poco significativas de la primera escolaridad, hemos añadido con el tiempo capas sobre capas de sucesivas profundizaciones. Pero tales profundizaciones no se han desarrollado de modo homogéneo. Hacemos un viaje a Alemania, y profundizamos en Alemania. Vemos una película francesa, y profundizamos en Francia. Compramos un Swatch, y profundizamos en Suiza. Leemos un periódico, y profundizamos en los países europeos de los que ese periódico da noticias. Y sobre todo, vemos la televisión, y profundizamos en aquellos países europeos de los que en la pantalla vemos imágenes y oímos noticias.
Sucede así que sabemos de países lejanos, en la otra punta del globo, mucho más de lo que conocemos de muchos países europeos. Lo sabemos todo de las calles de San Francisco y de los rascacielos de Nueva York, distinguimos a la perfección las imperceptibles variaciones organolépticas de esos cuatro o cinco tipos distintos de hamburguesa con el sabor único a mayonesa barata que constituyen el arte culinario de un gran país de ultramar, sabemos perfectamente que en un lugar donde ayer estallaron bombas atómicas hay hoy unas cosas bonitas que se llaman Sony y que difieren de otras que se llaman Panasonic, que no hay que confundir con Kawasaki, Mitsubishi y Karaoke.
Sucede así que de muchos países europeos no seríamos capaces de hacer un discurso que durara más de un minuto. ¿Se le ocurre a alguno de vosotros aunque sea un solo nombre de pintor polaco? ¿O el nombre de un poeta albanés? ¿O de un músico búlgaro? ¿Un escritor húngaro? ¿Un compositor rumano?
Cuando hablamos de Europa, no todos entendemos lo mismo. Una parte de Europa existe en la mente de muchos de nosotros como un espectro abstracto. Nos llenamos la boca de Europa, y si analizamos el bocado, descubrimos que en buena parte masticábamos aire. Conocemos ya los nombres de todos los barrios de Nueva York, aunque nunca hayamos estado allí. Pero ¿sabemos todos enumerar, de los países del este europeo, aunque solo sean dos nombres de ciudades de cada uno de ellos? Tengo fortísimas dudas.
Es inútil hacernos ilusiones. El futuro de Europa pasa por Europa. ¡Lo que no se conoce, NO ES! El futuro de Europa, si lo hay —y yo creo que lo habrá— pasa por el mutuo conocimiento de los países que la componen.

RUMANÍA Y EL PUEBLO RUMANO

Entre todos los países de los que no sabemos casi nada, hay uno respecto al cual la nuestra ignorancia se vuelve particularmente estridente, por estar el pueblo de ese país fuertemente emparentado con nosotros. Estoy hablando de Rumanía, cuyo propio nombre hace evidente referencia a nuestra capital italiana.
El pueblo rumano es un pueblo latino muy afín al nuestro. Sus tradiciones, usos y costumbres, su lengua, sus valores morales, tienen mucho en común con los nuestros, y así también sus rasgos somáticos y todas las categorías expresivas que constituyen la llamada comunicación no verbal.
El pueblo rumano es un pueblo latino tanto o más que el nuestro. Cuando el Imperio Romano se derrumbó en Italia, continuó aún largo tiempo en el país que hoy es Rumanía.
Sorprende, a cualquier italiano que haya tenido la ocasión de visitar Rumanía, el grandísimo afecto y estima que los rumanos sienten hacia el pueblo, la historia y la cultura italianos. Nos consideran con cariño sus primos ricos, y resulta penosa al respecto la consciencia de que la casi totalidad de los italianos no solo no piensa en el pueblo rumano como en nuestros primos pobres, sino que ni siquiera considera al pueblo rumano como un pueblo emparentado con el nuestro. A menudo, el italiano medio nunca se ha planteado siquiera la idea de que el pueblo rumano exista, salvo de modo tangencial y distorsionado, en asociación con acontecimientos futbolísticos internacionales, televisivo-espectaculares (y el pensamiento corre a las imágenes de la revolución rumana del 89), o de sucesos. El mero hecho de que estemos, ahora, en este pleno, hablando del pueblo rumano, inducirá en algunos un sentido de «extrañeza», del tipo «¿qué tienen que ver los rumanos con nosotros?», pensamiento que no habría surgido si en cambio nos hubiéramos ocupado de nuestras relaciones culturales con el pueblo francés o con el español, pueblos cercanos al nuestro, por origen y afecto, no más que el rumano, lo sepamos o no.
¿Sabéis, vosotros aquí presentes, vosotros aquí ausentes... saben nuestros ciudadanos que desde hace algunos años a esta parte, en las casas de las ciudades rumanas, se ve habitualmente la televisión italiana, igual que entre nosotros? Las ciudades están ya cableadas con la tele por cable que transmite, desde el satélite, programas de toda Europa, y las cadenas italianas RAI y Fininvest son las preferidas por el pueblo rumano. Ven todos nuestros canales, o casi. Es ya normal, entre los jóvenes, entre los adolescentes, aprender italiano viendo los programas televisivos italianos. ¿Y sabéis cuáles son las implicaciones de tal fenómeno? La televisión, como es sabido, es nuestra gran dispensadora de modas, reglas sociales, creencias y valores. Como ya Popper puso de relieve poco antes de su muerte, si una caída de valores aflige hoy a las nuevas generaciones, ello ocurre porque tal caída de valores es inculcada precisamente por la televisión. En lo que atañe a nuestro tema de hoy, resulta evidente, a quien se detenga a pensarlo, que los jóvenes rumanos están hoy absorbiendo, de nuestra televisión en sus casas, todas nuestras modas italianas, las creencias italianas, los valores italianos, los mitos italianos contemporáneos. En palabras sencillas, se vuelven, día tras día, cada vez más italianos, pues lo que concurre a formar un pueblo no es otra cosa que el compartir la lengua, las reglas y los valores. No quiero aquí establecer ni discutir si esto es bueno o malo. Quiero solo afirmar esta realidad de los hechos, porque nos concierne, aunque, a primera vista, a los más superficiales de nosotros, pudiera parecer lo contrario.
La penetración del pensamiento italiano en Rumanía no es un acontecimiento que descuidar. Pero no es este el punto focal de mis reflexiones. Lo que consterna y preocupa, en este colosal fenómeno de comunicación entre dos pueblos, el italiano y el rumano, es la unidireccionalidad del flujo de informaciones. Los rumanos saben de Italia cada vez más. Los italianos siguen sin saber nada de Rumanía. Algún necio podrá alegrarse de tal asimetría, en nombre de un triste arrebato de estéril orgullo nacionalista. La verdad es que los rumanos añaden, cada día que pasa, nuestra cultura a la suya, mientras que nosotros no añadimos nunca la suya a la nuestra. Y la ignorancia de algo, me consta, y espero que conste también a los presentes —a los presentes presentes, a los presentes ausentes, a los ausentes presentes y omitamos a los ausentes ausentes— la ignorancia de algo, decía, no puede ser nunca un alarde ni un orgullo, y desde luego no sirve de nada.
Soy consciente del hecho de que nuestros pequeños esfuerzos difícilmente alterarán el curso de acontecimientos a tan vasta escala. No obstante, debemos actuar, con fuerza, conciencia, voluntad y sabiduría, en todos los campos en los que percibimos que podemos inducir una mejora, aunque tal mejora poco devuelva en términos de réditos electorales a quien la propone y a quien la lleva a cabo. Rinde más —ay de mí, y sobre todo, ay de nosotros— insultar al inmigrante de turno.
Con esta moción se insta al alcalde y a la junta de gobierno a organizar en Génova un amplio acto sobre la cultura rumana contemporánea.

UN ACTO CULTURAL PARA COMPENSAR LA DESINFORMACIÓN DE LOS MEDIOS

Veréis, cuando poco antes sostenía que la información que nos llega de Rumanía es nula, no me expresé con exactitud. En realidad, los medios de comunicación nos proporcionan de cuando en cuando noticias asociadas a la existencia de Rumanía y de los rumanos. Por desgracia, la selección de las informaciones que llevan a cabo los medios resulta bastante singular: las acciones de los rumanos interesan a los periódicos sobre todo cuando se trata de actos delictivos, como violaciones y homicidios cometidos por delincuentes descarriados aislados en nuestro país, que son noticia precisamente cuando los delincuentes no son italianos, y la televisión se preocupa de darnos una idea de Rumanía solo cuando se trata de enviar allá, a Transilvania, a costa de los contribuyentes italianos, a un equipo para filmar y mostrarnos en directo todas las lágrimas de los rudos padres llorosos de la bella amante de los asesinos de la llamada «banda del uno blanco».
No podemos llamar «información» a esta modalidad, tan típica de nuestros medios modernos, de filtrar en negativo las noticias a las que dar relieve. «Desinformación» sería a menudo una etiqueta más apropiada. Es una instancia moral, inspirada en los dictados de una ética ilustrada y previsora, la de actuar en oposición a esta creciente catástrofe de la desinformación automática. Los progresos de la técnica aumentan hoy el volumen de las informaciones que pueden transmitirse. Pero de modo exponencial aumenta también, en este magma informacional, el ensordecedor ruido de fondo constituido por las informaciones no significativas, es decir, el automático filtrado en negativo de las informaciones que ya he mencionado hace un instante, fruto de la necesidad de atraer a toda costa a las mentes más simples para permanecer en el mercado.
Yendo a lo concreto, consideramos que la organización en Génova de un acto sobre la cultura rumana contemporánea abriría un resquicio a lo bello que puede transmitirnos a todos un pueblo cercano a nosotros como el rumano. Un resquicio que luego cada uno de nosotros, los genoveses, podrá elegir o no profundizar a su gusto.
¿Cuántos italianos saben que el grandísimo poeta rumano Mihail Eminescu, ya en el siglo pasado, anticipó en sus poemas las intuiciones físicas y filosóficas que están en la base de la teoría de la relatividad de Einstein?
Hay demasiado, demasiado que no sabemos de un país que en cambio está aprendiéndolo todo de nosotros. Hasta 1989, el obstáculo del conocimiento fue un sombrío cúmulo de mutuas censuras políticas. Tras la revolución rumana, el obstáculo del conocimiento, por nuestra parte, es solo una inercia que debemos contrarrestar, la inercia de la falta de curiosidad que no sean las inducidas por la incesante, homogénea y homogeneizadora erupción de las pantallas de nuestros televisores domésticos.
Algún incauto podría argumentar que Génova tendría otras prioridades, problemas más importantes que el de organizar un acto cultural, y encima sobre Rumanía, un país en el que ni siquiera se ambientan teleseries y telenovelas, un país por tanto demasiado poco televisivo para merecer nuestro interés. A tales hipotéticos incautos responderíamos que en la administración de una ciudad, de una gran ciudad, una actividad de un tipo no excluye otra de un tipo distinto, y que es precisamente porque hay distintas prioridades por lo que se han instituido distintas concejalías. Si hubiera objeciones a esta propuesta nuestra, deberán fundarse exclusivamente en argumentaciones de tipo cultural. La Concejalía de Cultura existe para ocuparse de cultura y no de otra cosa.
Y si además alguien temiera que el presupuesto municipal pudiera resentirse por la realización de tal acto, respondemos desde ya que tal peligro no existiría. Veréis, quiere el azar, o más bien nuestra historia, que en Génova haya una gran empresa que se llama Ansaldo, que tiene estrechísimas relaciones comerciales con Rumanía y enormes intereses allá, habiendo construido hace poco, en Rumanía, una gran central eléctrica, y nos consta que pronto construirá otra, y se trata de un encargo de centenares de miles de millones. Estamos seguros de que el Ayuntamiento sabrá obtener, para este acto, un importante apoyo económico por parte de Ansaldo, despejando así también esta posible objeción.
Y entonces, dese vía libre a la realización de este acto, que nos conduzca cuanto antes a hacernos una idea de cuáles son las tradiciones, la ciencia, el arte, el cine y el teatro de la cultura rumana contemporánea.
Y alimentemos así nuestro deseo y sueño de que en un próximo futuro otros actos análogos nos lleven a conocer más todos esos países europeos de los que sabemos poco, de modo que nos acerquemos un poco a esa lejana meta, alcanzada la cual, cuando en Europa se hablara de Europa, todos entendiéramos un poco más lo mismo.

Roberto Quaglia




Ilmo. Alcalde
del Ayuntamiento de Génova


M O C I Ó N


EL CONSEJO MUNICIPAL DE GÉNOVA

COMPROBADO QUE

- la ciudad de Génova manifiesta, desde tiempo inmemorial, por razones históricas, una actitud general de cierre hacia el exterior, actitud que en tiempos modernos resulta causa de concretos perjuicios para la propia ciudad, como una evidente dificultad para convertirse en sujeto de iniciativas capaces de atraer la atención nacional e internacional, privándose así, entre otras cosas, de la oportunidad de ver por fin florecer el turismo y, en consecuencia, crecer su propio bienestar

- tal disposición de cierre, en la época presente y aún más en la futura, es, y cada vez más será, incompatible con un mundo que la creciente eficiencia de los sistemas de comunicación hace necesariamente «abierto», mundo que McLuhan, ya hace algunas décadas, bautizó no por casualidad como «Aldea Global»

- como resulta de pronunciamientos repetidamente expresados por la mayoría de las fuerzas políticas genovesas así como del programa del alcalde y de numerosas intervenciones verbales públicas suyas, la ciudad de Génova tiene la intención de superar esa disposición suya de cierre y muestra voluntad de verse renacer, recuperando ese lugar suyo en el mundo que en otro tiempo le valió el sobrenombre de «la Soberbia»

RECONOCIDO QUE

- el motor de todo cambio a mejor es el lúcido ejercicio de la actividad mental, y que tal función en el ser humano es el resultado de esa importante categoría de fenómenos que confieren significado a la mejor acepción del vocablo «cultura», y que por tanto es, en primera instancia, una viva actividad cultural el instrumento irrenunciable para conseguir todos esos objetivos de «apertura mental» y de apertura al mundo y a lo Nuevo en general indispensables para desencadenar ese revitalizante cambio a mejor que la ciudad, más que nunca en el pasado, hoy afortunadamente anhela

CONSIDERANDO QUE

- Rumanía, entre las naciones europeas, es un país de origen latino, en cierto sentido el más latino de todos los países latinos, habiéndose extinguido el Imperio Romano allá mucho tiempo después de haber desaparecido del resto de Europa

- en cuanto país latino, Rumanía es rica en cultura y tradiciones afines a las nuestras, y que tal estrecho vínculo de parentesco se constata al escuchar la lengua rumana, muy similar a la italiana, al observar los rasgos somáticos de los rumanos, así como sus gestos, comportamientos y valores morales

- por razones históricas de orden político, la información que en Italia, como en el resto de la Europa occidental, en el pasado se ha proporcionado a los ciudadanos sobre la cultura rumana y respecto a Rumanía en general es muy escasa por no decir nula, y que tales razones, tras la revolución rumana de 1989 han decaído o en todo caso ya no tienen razón de ser

- entre los italianos, en general, ya sea por una cuestión de inercia, ya sea por motivaciones más complejas, le cuesta surgir un sentimiento de curiosidad y de interés por un pueblo, el rumano, por el cual es lógico, debido, pero sobre todo SABIO que los italianos maduren curiosidad e interés

- a la indiferencia inercial de los italianos hace de contrapunto, en cambio, en el pueblo rumano, un fortísimo interés y un buen afecto hacia nosotros, demostrado también por el hecho de que en las grandes ciudades rumanas las viviendas están muy a menudo dotadas de antenas satelitales con las que los rumanos suelen ver regularmente los programas de todas nuestras principales cadenas de televisión, de modo que la mayor parte de los adolescentes rumanos, hoy, comprende y habla con soltura el italiano, y que el buen afecto de los rumanos hacia nosotros los lleva a preferirnos, en general, en sus sentimientos, a todos los demás pueblos de Europa

- en los medios italianos se da espacio, en general, a noticias relativas a rumanos solo en asociación con algún grave suceso cometido en nuestro país, favoreciendo así, con el tiempo, la formación de un sentimiento de hostilidad en los italianos hacia un pueblo, el rumano, que más que ningún otro se siente en cambio fuertemente ligado a nosotros

- a seis años de la revolución rumana, las inversiones italianas en Rumanía son segundas, en el mundo, solo a las de Alemania

- Génova está más que cualquier otra ciudad italiana ligada a Rumanía, habiendo construido Ansaldo, en los últimos años, una gran central eléctrica en la ciudad rumana de Cernavoda y existiendo el proyecto, según nos consta, para la construcción de una segunda central que alimentará también a Ucrania

- altos exponentes del Ministerio del Deporte y la Juventud rumano habrían manifestado interés por la oportunidad de colaborar activamente con la administración genovesa para organizar intercambios culturales y deportivos

- para un artista rumano es particularmente prestigioso ser invitado a exhibir su obra en nuestro país, razón por la cual es relativamente fácil contar con los mejores artistas rumanos sin que ello resulte particularmente oneroso para la administración

- la ciudad de Cernavoda habría manifestado el deseo de realizar un hermanamiento escolar con nuestra ciudad

- la organización de eventos culturales centrados en la cultura rumana contemporánea proporcionaría a los ciudadanos genoveses el útil estímulo para, eventualmente, profundizar por su cuenta en el conocimiento de un pueblo y de una cultura emparentados con nosotros más de lo que generalmente se sabe, proporcionando además un estímulo útil para la prevención de eventuales futuras insensatas y trágicas intolerancias.

- la organización en Génova de un acto sobre la cultura rumana abriría lógicamente la posibilidad de realizar posteriormente en Rumanía un importante acto sobre la cultura genovesa, con obvias repercusiones positivas tanto sobre la imagen internacional de nuestra ciudad como sobre la ampliación de los horizontes comunicativos de nuestros exponentes culturales y artísticos de la ciudad

- los proponentes se comprometen a poner a disposición de la junta de gobierno las competencias en su poder, sobre todo en lo que atañe a los necesarios contactos con las instituciones y los artistas rumanos

INSTA AL ALCALDE Y A LA JUNTA DE GOBIERNO

- a actuar con diligencia para organizar, en Génova, un acto cultural centrado en la cultura rumana, de una duración mínima de una semana, a realizarse posiblemente dentro del plazo máximo de un año

- a valorar la oportunidad de incluir, en dicho acto, en colaboración con otras fuerzas de la ciudad y la Universidad, exposiciones de arte rumano contemporáneo, actos deportivos, encuentros universitarios, una muestra de cine rumano, espectáculos musicales y/o de teatro y/o de ballet y cuanto durante el estudio del proyecto se considerara de interés para la ciudad

- a promover y organizar un hermanamiento escolar con la ciudad rumana de Cernavoda, en colaboración con las instituciones escolares de la ciudad

- a actuar para encontrar patrocinios para tales actividades, de modo que graven lo menos posible sobre el presupuesto municipal, en particular ante Ansaldo, en consideración del importante hecho de que Ansaldo está fuertemente comprometida en Rumanía


Roberto Quaglia, 1996


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Última modificación, 23 de octubre de 2003

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