La Moción y el
correspondiente Orden del Día que siguen fueron preparados por Roberto Quaglia, en su
calidad de Concejal del Ayuntamiento de Génova, en el mes de mayo de 1996, y llevados
a debate en el Consejo Municipal
de Génova el 4 de junio de 1996
Moción
Ruido nocturno en el centro histórico y fenómeno de revitalización del
mismo
EL CONSEJO MUNICIPAL
Considerando que
- es cada vez más viva la polémica en torno al fenómeno del aumento del
ruido en ciertas partes del centro histórico, a raíz de una repoblación nocturna del
mismo
- es necesario, por parte de la administración, un sabio planteamiento estratégico
respecto al problema, de modo que no se comprometa la útil revitalización del centro
histórico en curso y, al mismo tiempo, se garantice a quien se viera padecer por las
consecuencias de actos de incivismo cometidos por algún maleducado
PIDE
el debate del problema en el pleno
ORDEN DEL DÍA
Ruido nocturno en el Centro Histórico y fenómeno de revitalización del
mismo
Considerando que
- es cada vez más viva la polémica en torno al fenómeno del aumento del
ruido en ciertas partes del Centro Histórico, a raíz de una repoblación nocturna del
mismo
- la molestia acústica de algunos residentes, aun siendo digna de la máxima comprensión, es
sin embargo en cierto modo comparable a esa misma molestia acústica que inevitablemente
padecen aquellos ciudadanos que por casualidad viven en lugares ruidosos por otras razones como
la cercanía de una autopista, un tren, un parque de atracciones, hospitales, fiestas populares, un aeropuerto,
industrias, calles transitadas
- es nuestra opinión que la molestia acústica derivada de actividades de vitalidad
humana y de fenómenos de revitalización del «corazón» doliente de Génova no
deba considerarse con mayor gravedad que la análoga molestia acústica
causada por automóviles, cláxones, sirenas de ambulancia, trenes, aviones, autopistas, fiestas
populares
- junto con la polémica crece la comprensible preocupación de quien, habiendo creído
en el resurgir del Centro Histórico, ha abierto locales que ejercen la útil función de
favorecer y contener esa agregación juvenil y revitalización del Centro Histórico
a las que la ciudad no puede ni debe renunciar
- si es ciertamente tarea de la administración garantizar el respeto de los
reglamentos y ejercer una actividad de control, con las debidas intervenciones tácticas,
para que las normas de la convivencia civil se respeten, es no obstante y tanto más
deber de la administración afirmar con claridad y decisión su propio planteamiento
estratégico respecto a los fenómenos en curso en el Centro Histórico, en tutela, garantía e
incentivo de aquellos comerciantes valientes que con su actividad nocturna combaten
y dispersan a su propio riesgo a los verdaderos enemigos del Centro Histórico, es decir, ese conocido deterioro
humano y ambiental que devalúa los barrios y mantiene alejado a quien de otro modo los
frecuentaría.
Insta al Alcalde y a la Junta de gobierno
- a garantizar que en el Centro Histórico la administración no adoptará
iniciativas meramente tácticas que arriesguen comprometer la útil revitalización
nocturna en curso, confirmando la convicción de que el fenómeno de agregación juvenil que
está en la base de dicha revitalización es estratégicamente útil para los intereses
de la ciudad, tanto a corto como, sobre todo, a largo plazo
- a comunicar a los comerciantes implicados en la polémica en curso el apoyo
de la administración, instaurando con ellos una fecunda labor de colaboración
directa, mediante encuentros amistosos y consultas periódicas, a fin de progresar
juntos hacia la superación de las problemáticas coyunturales
- a buscar soluciones no traumáticas útiles para contener los excesos ruidosos
nocturnos de unos pocos maleducados, sin con ello reprimir en modo alguno el legítimo
deseo de agregación nocturna de todos los demás
Intervención de Roberto Quaglia (Lista Pannella)
En los últimos años, algunas partes del Centro
Histórico, en particular la zona comprendida entre Pollaiuoli, via S. Bernardo y stradone S.
Agostino, han empezado a frecuentarse también en horario nocturno. Uno de los efectos
colaterales de tal fenómeno ha sido el aumento del ruido ambiental, lo cual ha
ocasionado una comprensible molestia a algunos residentes, lo que, a su vez, impone a
nuestra administración la responsabilidad de elecciones precisas y prudentes. Analicemos entonces
bien el fenómeno en curso en el Centro Histórico, para estar seguros de darnos el planteamiento
más sabio, en bien del interés a largo plazo de la ciudad.
El ruido nocturno, que provoca las conocidas polémicas, es ante todo un síntoma. Antes de
pensar en reprimir el síntoma, conviene comprender bien sus causas, para ver si son
en sí nocivas o, por el contrario, virtuosas.
La causa principal del ruido es un fenómeno de agregación juvenil, en zonas de la ciudad
anteriormente abandonadas, de noche, al lúgubre e indiscutido dominio de la
compraventa de drogas ilegales. En toda sociedad humana las personas, y sobre todo los
jóvenes, tienen necesidad de agregarse, y es justo y bueno que lo hagan. Proliferan en
consecuencia locales de reunión y consumición allí donde a la gente le gusta agregarse, y es justo y
bueno que sea así. Cierto, no estamos acostumbrados, en Génova, a ver la agregación nocturna
florecer en el verdadero corazón de la ciudad, en ese antiguo corazón que es nuestro Centro
Histórico. Estamos, ay de nosotros, acostumbrados a percibir nuestro Centro Histórico de noche como la más
desolada y degradada de las periferias, evitado con miedo por nuestros conciudadanos vitales,
abandonado al sórdido reino indiscutido de abyectos traficantes. No estamos acostumbrados
a verlo, y a pensarlo, bullente de vida festiva, como es justo que sea, y como en
muchos otros lugares del mundo, por sana naturaleza de las cosas, lo es. Antes de que el conocido deterioro
barriera la vida nocturna de nuestros carruggi, el sonido de las voces humanas y —por qué
no— los gritos de algún borracho debieron de resonar todas las noches durante siglos y siglos en
esos callejones nuestros que en otro tiempo eran nuestra ciudad entera. Hoy, lenta y
fatigosamente, la vida está volviendo a animar, espontáneamente, las noches del Centro Histórico
genovés, alimentada solo por la iniciativa de quien ha invertido sus fuerzas y su
dinero en la apertura de locales de consumición y de reunión nocturnos.
Tal fenómeno, provocado deliberadamente como resultado de un preciso proyecto institucional,
sería el orgullo y la gala de cualquier administración. En cambio, a lo que
asistimos es a un fenómeno independiente y espontáneo. Lo que está sucediendo es un
proceso largo y dificultoso, erizado de inconvenientes e incidentes, pero es un proceso
virtuoso, iniciado hace poco, que debemos salvaguardar y favorecer por el superior bien
del renacimiento de toda Génova.
Ya sabemos que el futuro de Génova estará en el turismo. Sabemos que tenemos el mayor
Centro Histórico de Europa. Y si no fuera por el deterioro, humano y material, sería
probablemente también el más bello. Esperamos confiados las invasiones de turistas. Van un
poco con retraso, pero después de todo en el pasado hemos hecho muy poco para atraer su
atención, quizá porque aún estábamos escarmentados por las molestias que nuestros antiguos turistas
habituales —los sarracenos— solían ocasionarnos. Pero hoy hemos comprendido que abrirnos al
turismo nos conviene, y los turistas, confío, llegarán en masa, ¿y qué encontrarán?
Esto, naturalmente, depende de nosotros, depende de toda Génova. ¿Encontrarán los turistas, como
han encontrado hasta ahora, un Centro Histórico imponente pero maloliente, de noche lúgubre,
abandonado y peligroso? ¡Que no se caiga en la falsa convicción de que los turistas aprecian un
lugar de estancia solo por los reclamos con los que los ha atraído! Los turistas
pueden venir a Génova a ver el acuario y contemplar nuestras bellezas
arquitectónicas, pero esa es una actividad que se despacha en un par de días como máximo.
¿Acaso se quedan aquí más de un par de días los turistas que hoy recibimos? Los
turistas permanecen en un lugar más tiempo cuando este los cautiva con su propia oferta
de vitalidad, y sobre todo vuelven solo por esto. Entonces, ¿queremos que los millones de
turistas que presumiblemente vendrán a Génova en los próximos años se queden aquí solo dos
días y luego no vuelvan nunca más? Después de todo, ¿por qué habrían de volver para ver de nuevo
el Acuario y nuestros monumentos, cuando ya los han visto? ¡Con todo lo que hay de
bello que ver en el mundo! No. En todos los lugares turísticos del mundo los turistas van la
primera vez quizá atraídos por una publicitada belleza de las cosas, pero se detienen más
tiempo y sobre todo vuelven por la belleza de las personas, por la belleza de la
sociabilidad encontrada. A los seres humanos, más que cualquier otra cosa, les interesan los demás
seres humanos. ¿Por qué afluyen en masa los turistas a Praga, a París, a Ámsterdam, a
Niza, a Barcelona, a Edimburgo? No es solo por la belleza de los lugares, de los
monumentos y de las cosas. Si así fuera, no se comprendería cómo es que los turistas se
amontonan también en Rímini. Para atraer turistas todo reclamo es lícito. Pero para hacerlos
quedarse, y sobre todo para hacerlos volver, hay que ofrecer vitalidad y sociabilidad humanas.
¿Qué encontrarán entonces los millones de turistas que esperanzados aguardamos, cuando de noche,
tras haber dedicado el día a mirar y fotografiar las bellas cosas que tenemos,
vaguen por el Centro Histórico —¿y dónde, si no, debería vagar un turista?— en la
natural búsqueda de vida y de sociabilidad?
Nosotros debemos trabajar para que encuentren nuestros callejones bullentes de seres humanos,
rebosantes de alegría y fiesta, llenos de toda clase de local de reunión, capaces
de satisfacer todos los gustos.
Si en cambio encuentran, como predominantemente encuentran hoy, un territorio agonizante
indignamente reanimado solo por la perniciosa presencia merodeante de traficantes de
heroína, habremos tirado por el retrete nuestro futuro.
Como se ha dicho, es un recorrido largo, y no exento de temporales inconvenientes. El ruido
de la vitalidad es uno de ellos, e indudablemente es causa de cierta molestia para algunos
residentes.
Cualquier intervención táctica, por parte de la administración de la ciudad, para reducir y
contener las molestias de algunos residentes, no debe en ningún caso acabar por contrastar o,
peor, reprimir el fenómeno de agregación en curso, del que estamos ahora debatiendo, el
cual ante todo constituye —¡y es importante que lo afirmemos!— un círculo
virtuoso de revitalización del corazón doliente de Génova.
Si sucede, como de hecho hoy ocurre, que las calles de noche se llenen MÁS ALLÁ de
la capacidad de los locales de absorber su flujo, ello significa simplemente que los locales
son todavía demasiado pocos. Cuando haya muchos más, espontáneamente difundidos en un
área más vasta, el problema del ruido se atenuará por sí solo. Pagamos pues ahora las
consecuencias de anteriores miopías. Nuestra intervención de administración, por tanto, debe
estar bien ponderada, inspirada en una sabia y previsora visión estratégica respecto
a los fenómenos espontáneos en curso en cierta parte del Centro Histórico. Si por un lado no
podemos, ni debemos, hacer prevalecer los intereses de aquellos residentes individuales que
sufren molestia por un fenómeno que en sí es importante y vital para toda la ciudad, es
también cierto que una acción mediadora del Ayuntamiento, dirigida a templar los excesos de unos
individuos —por una parte los jóvenes más ruidosos y maleducados, y por la otra los residentes
que lanzan bombas de agua desde las ventanas— no puede sino beneficiar los intereses de todos. Pero
la mediación no puede ni debe ni deberá nunca tener los caracteres de una represión
generalizada e indistinta. Los jóvenes, allí donde se agregan, hacen naturalmente ruido, es
cierto. No se puede evitar, a menos de abolir a los jóvenes. También el tráfico de la ciudad es
ruidoso y molesta —me viene a la mente quien viva a un paso de la autopista, o de la
vía férrea, o de un servicio de urgencias— pero no por ello se abole el tráfico, ni los
trenes, ni las ambulancias, ni se demuelen las autopistas en mitad de la ciudad. Y entonces,
por favor, no demolamos a los jóvenes. ¡Al contrario! Favorezcamos sus espontáneas agregaciones con
una previsora postura de apertura hacia quien, en el Centro Histórico,
responde prontamente a sus exigencias juveniles abriendo nuevos locales. Debemos ayudar a los
gestores de los locales a resolver sus problemas, que luego son también los nuestros,
colaborativamente, para el superior beneficio de nuestra ciudad. Pero no nos hagamos ilusiones de que
cierta cantidad de ruido pueda no existir. Los jóvenes hacen ruido y desorden, es
cierto. Lo hacen en todas partes y lo hacen desde siempre, y es justo y normal que así sea. También en
Venecia los ciudadanos a veces se quejan del ruido que los miles de turistas hacen en
sus callejuelas, también de noche. Pero ¿qué haría Venecia sin turistas? Y nosotros, ¿cómo nos las
arreglaremos si el renacer del Centro Histórico se detiene? También en piazzale Kennedy, con
el Parque de Atracciones y las demás iniciativas populares, hay problemas de ruido. ¿Queremos
suprimirlo todo? Creo que no. Hoy, de noche, una parte del Centro Histórico se llena de
jóvenes, de jóvenes ruidosos. Querríamos que se llenara también de otras franjas de
ciudadanos. Familias, personas de mediana edad, ancianos. Recuerdo a este respecto las compartibles
palabras del concejal Evangelisti, de hace pocos días, con las que él veía
con buenos ojos una elevación del nivel de calidad de quien frecuente los locales del Centro
Histórico. ¿Cómo darle la contraria? Es útil, sin embargo, comprender que ciertas transformaciones
empiezan necesariamente desde «abajo», sin querer aquí atribuir a la palabra
«abajo» ninguna acepción negativa. Las vanguardias de los nuevos comportamientos son
siempre juveniles. Razón por la cual es inevitable que la repoblación nocturna de las calles
y de los locales del Centro Histórico genovés parta de los jóvenes, e inicialmente precisamente de los
más vivaces y ruidosos de ellos. Seguirán jóvenes más tranquilos y plácidos, y luego
poco a poco individuos de todas las franjas sociales, en orden decreciente de vivacidad y
exuberancia.
La vida está volviendo, al Centro Histórico. Tarea primordial de la administración es
ayudarla, asistirla e incentivarla, defendiéndola, si es necesario con la misma firmeza y
determinación que esta junta de gobierno ha mostrado en otras ocasiones. Adóptense incluso mesuradas
iniciativas tácticas hacia esos pocos individuos aislados que faltaran al respeto a las
normas de la convivencia civil, pero solo en el marco de un amplio y claro designio
estratégico de apoyo y solidaridad colaborativa hacia ese fenómeno de
revitalización del Centro Histórico que ha comenzado, que está prosperando y que a toda
costa debe proseguir su curso, si queremos que Génova renazca, volviendo a ser,
en el próximo siglo, un buen lugar donde vivir.
Roberto Quaglia, 1996
El mencionado Orden del Día fue posteriormente votado y aprobado. He aquí la
representación que el periódico genovés «Il Secolo XIX» dio de lo que se
debatió y decidió en el Consejo Municipal.